Conocido como el mecanismo de Anticitera, las décadas de estudio sobre el objeto llevaron a los científicos a descifrar su funcionalidad y concluir que se trataba de una calculadora mecánica antigua de bronce diseñada para prever la posición del Sol, la Luna, y algunos planetas, permitiendo predecir eclipses.
Los arqueólogos sospechan que el naufragio de Anticitera podría esconder más secretos; sin embargo, lo inaccesible de la zona, incluso para submarinos remotos, ha mantenido al lugar prácticamente virgen. El navío está ubicado a una profundidad abismal de 120 metros, lo cual ya ha resultado en la muerte de un buzo y varios casos de síndrome de descompresión. Subsecuentes intentos llevados a cabo en fechas relativamente recientes, han conducido a nuevos descubrimientos que llevaron a algunos investigadores a especular con la posibilidad que haya más de un barco hundido allí.
No obstante, debido a las limitaciones anteriormente mencionadas, fue imposible confirmar dicha posibilidad. Ahora, de acuerdo a un reporte de New Scientist, arqueólogos marinos del Museo Americano de Historia Natural han encontrado una solución al problema: un exotraje de alta tecnología. Tal como si fuera el traje de Iron Man, permitirá a los buzos descender de forma segura y durante varias horas a una profundidad de hasta 300 metros y sin la necesidad de una posterior descompresión al regresar a la superficie.
El exotraje, hecho mayormente de aluminio, funciona como un submarino individual. Está equipado con propulsores de 1.6 caballos de fuerza, un sistema de reabastecimiento de aire, luces LED, y cámaras. Además se conecta a la superficie por medio de una fibra óptica gigabit Ethernet, lo cual permitirá una fluida comunicacion con los buzos, un feed de video en vivo, y monitoreo constante del traje y su portador.
Brendan Foley, arqueólogo marino del Instituto Oceanográfico de Woods Hole (EE.UU.), está convencido que el naufragio de Anticitera esconde más tesoros y que este nuevo traje será de gran ayuda para encontrarlos. “Tenemos pies, brazos y la cresta del casco de un guerrero de las estatuas recuperadas en 1900 — quizás tengamos suerte y hallemos el resto de ellas. Pero para mi, el mecanismo es lo que distingue a este naufragio de otros. Son las preguntas que se generan acerca de la verdadera historia de la ciencia y la tecnología, las que disparan mi imaginación”, concluyó Foley.


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