sábado, 2 de agosto de 2014

No hay extraterrestres en Gliese 581

No hay extraterrestres en Gliese 581

En octubre de 2010, el recién descubierto planeta Gliese 581g ocupó los titulares de los principales medios de comunicación del mundo. Se trataba de un exoplaneta a 20 años luz de la Tierra, situado justo en el centro de la zona de habitabilidad de su estrella, una enana roja alrededor de la cual, además, ya se habían descubierto más mundos esperanzadores para la búsqueda de vida fuera de nuestro Sistema Solar

Pero la gran noticia tardaría aún unos días en llegar. Y se produjo cuando Ragbir Bhathal, astrónomo australiano y miembro del programa SETI, anunció que en 2008, dos años antes del hallazgo del planeta, sus instrumentos detectaron una misteriosa señal, un único pulso de luz, captado por él en persona y procedente de la misma región de espacio en la que se suponía que se encontraba Gliese 581g. ¿Simple casualidad o una señal intencionada, enviada por seres inteligentes?

Intrigado por su hallazgo, Bhathal siguió escrutando durante meses los alrededores de la estrella Gliese 581 en busca de una repetición de la misteriosa señal. Pero no consiguió volver a captarla. Tal fue su conmoción al recibir aquel único pulso de luz que sobre el registro en papel de ese día y junto al pico de la enigmática señal, el científico anotó lo siguiente: "Es esto ET"?

El debate, desde entonces, no ha dejado de crecer. La estrella Gliese 581 y sus planetas (especialmente el "c" y el "g") se convirtieron en un objetivo prioritario en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Otras posibles "señales" procedentes de la misma región espacial se incorporaron a la discusión y el asunto llegó hasta el punto de que la propia NASA envió una selección de 500 mensajes SMS hasta allí. Emisión que, por cierto, aún no habrá llegado...



NASA/PENN STATE UNIVERSITY

Partidarios y detractores de la idea del mensaje han pasado años esgrimiendo y reforzando toda clase de argumentos. Pero ahora, un equipo de investigadores de la Penn State University acaba de resolver el misterio. No hubo inteligencias alienígenas detrás de la señal. De hecho,ni siquiera existen los planetas desde los que se supone que esas señales salieron. Los científicos han logrado probar, por primera vez, que las señales que se creía que venían de dos de los mundos que orbitan la estrella Gliese 581, procedían en realidad del interior de la estrella misma. Y es que, en contra de lo que se pensaba, la estrella Gliese 581 no tiene seis planetas a su alrededor, sino tres, según ha puesto en evidencia la investigación. El estudio se publica este jueves en Science Express y aparecerá también en una próxima edición impresa de la revista.
De dentro de la estrella

"Este resultado -afirma Paul Robertson, autor principal de la investigación- es excitante porque explica por primera vez todas las anteriores, y a veces controvertidas, observaciones de la intrigante estrella Gliese 581, un astro débil con menos masa que nuestro Sol y que está a solo 20 años luz de la Tierra".

"También hemos probado que algunas de las otras controvertidas señales no proceden de dos mundos de la zona habitable de la estrella, sino que se deben a la actividad interior de la estrella misma", asegura por su parte Suvrath Mahadevan, coautor de la investigación. Ninguno de los tres planetas que quedan, y cuya existencia sí se ha confirmado, se encuentra dentro de la zona habitable de este sistema, una franja orbital a la distancia exacta de su sol, ni demasiado lejos ni demasiado cerca, para permitir la existencia de agua en estado líquido.



NASA/PENN STATE UNIVERSITY



Los astrónomos buscan exoplanetas midiendo desplazamientos (o corrimientos) en el patrón espectral de la estrella alrededor de la que se está buscando. O, dicho de otro modo, variaciones en las longitudes de onda de la radiación que la estrella emite en forma de luz. Estos "corrimientos Doppler" pueden producirse a partir de sutiles cambios en la velocidad de la estrella, causados por los periódicos "tirones gravitacionales" de los planetas que tiene alrededor. Pero también pueden deberse a la acción de determinados eventos magnéticos, como las manchas solares, que se originan dentro de la misma estrella y que pueden ser pistas falsas de un planeta que en realidad no existe.

"En la búsqueda de planetas de baja masa -afirma Mahadevan- tener en cuenta las sutiles firmas de los eventos magnéticos que suceden en la estrella es igual de importante que obtener la mayor precisión posible del efecto Doppler".

El equipo de investigadores llevó a cabo su descubrimiento analizando los corrimientos Doppler de las observaciones espectroscópicas disponibles de la estrella Gliese 581, obtenidas con los espectrógrafos HARPS, Del Observatorio Europeo del Sur, en Chile, y HIRES, del observatorio Keck, en Hawaii.

Utilizando detallados análisis y nuevas técnicas de análisis, hasta hace unos años imposibles de realizar, lograron amplificar las señales de los tres planetas interiores del sistema de Gliese 581, pero "las señales atribuidas a la existencia de los dos supuestos planetas de la zona habitable desaparecieron, haciéndose indistinguibles del ruido de fondo", asegura Mahadevan. "La desaparición de estas dos señales tras corregir la actividad estelar registrada indica que, en los datos originales, debieron por fuerza ser producidas por la actividad y rotación de la estrella misma, y no por la presencia de esos supuestos planetas".

"La mejora en el metodo de detección de planetas reales en este sistema nos ha hecho confiar en que ahora estamos empezando a discriminar un número suficiente de señales Doppler debidas a la actividad estelar -afirma Paul Robertson- para descubrir nuevos exoplanetas potencialmente habitables, incluso si se ocultan en medio del ruido de fondo estelar. Y aunque es una mala suerte haberse dado cuenta de que dos planetas tan prometedores en realidad no existen, creemos que los resultados de esta investigación llevarán, al final, al hallazgo de más planetas como la Tierra".

En busca de civilizaciones extraterrestres por su contaminación



Durante más cincuenta años, la humanidad ha rastreado el cielo en busca de señales llegadas de alguna parte que indicaran que no estamos solos en el Universo. Pero hasta ahora el esfuerzo ha sido en vano. No hay rastro de pitidos ni ruidos provenientes de mundos situados alrededor de estrellas cercanas. En medio del debate sobre si esta metodología, empleada sobre todo por el Instituto SETI de Mountain View, California, es realmente útil, investigadores del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica (CfA) proponen un nuevo método: ¿Y si esacivilización avanzada dejara señales en la atmósfera como lo hacemos nosotros? Lo que sugieren es, sencillamente, fijarse en una atmósfera contaminada.

Mediante el estudio de las atmósferas de los exoplanetas, los mundos situados fuera del Sistema Solar, podemos descubrir gases como el oxígeno y el metano, que solo coexisten si son repuestos por los seres vivos. Claro que estos gases pueden venir de una criatura con una mente superior a Einstein o de una forma simple de vida, como los microbios. Aunque descubrir cualquier tipo de vida extraterrestre por sencilla que sea ya sería un acontecimiento histórico, ¿qué pasa con las civilizaciones avanzadas? ¿Dejarían signos detectables?

Los investigadores creen que sí, si es nuestros vecinos estelares arrojan contaminación industrial a la atmósfera, según explican en un texto que se publicará en The Astrophysical Journal y que ya estádisponible online. Podríamos detectar las huellas dactilares de determinados contaminantes en condiciones ideales, lo que ofrecería un nuevo enfoque en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. «Consideramos la contaminación industrial como un signo de vida inteligente, pero quizás las civilizaciones más avanzadas que nosotros, con sus propios programas SETI, considerarían la contaminación como una señal de vida no inteligente, ya que no es inteligente para contaminar tu propio aire», dice Henry Lin, autor del informe.
Calentar el planeta

El equipo considera que el próximo Telescopio Espacial James Webb (JWST) debe ser capaz de detectar dos tipos de clorofluorocarbonos (CFC), productos químicos que destruyen el ozono utilizados en disolventes y aerosoles. Pero solo si los niveles atmosféricos fueran diez veces mayores que en la Tierra. Una civilización avanzada podría contaminar intencionalmente toda la atmósfera a niveles altos y calentar globalmente un planeta que de otra manera fuera demasiado frío para la vida.

Pero este futuro telescopio solo podrá detectar esos posibles contaminantes en un planeta similar a la Tierra orbitando una estrella enana blanca, que es lo que queda cuando una estrella como nuestro Sol muere. Ese escenario aumentaría la señal atmosférica. Encontrar la contaminación en un planeta similar a la Tierra orbitando una estrella similar al Sol requeriría un instrumento superior al JWST, un telescopio de una nueva generación.

El equipo señala que una enana blanca podría ser un mejor lugar para buscar vida lo que se pensaba, ya que las observaciones más recientes han encontrado planetas en ambientes similares. Esos planetas podrían haber sobrevivido a la hinchazón de una estrella moribunda durante su fase de gigante roja, o haberse formado a partir del material derramado durante la agonía de la estrella.

Si bien la búsqueda de los CFC podían descubrir a una civilización extraterrestre existente, también podría detectar los restos de una civilización que aniquiló a sí misma. Algunos contaminantes duran 50.000 años en la atmósfera de la Tierra, mientras que otros se eliminan en 10 años. La detección de las moléculas de primera categoría mostraría que las fuentes han desaparecido.

«En ese caso, podríamos especular que los extraterrestres han espabilado y solucionado su actuación. O en un escenario más oscuro, serviría como una señal de advertencia de los peligros de no ser buenos administradores de nuestro propio planeta», añade Avi Loeb, investigador de Harvard y coautor del estudio.

Pages - Menu